La vida es demasiado complicada. Volvamos a ser niños. En aquellas clases de parvularios donde el único problema que teníamos, era no salirnos de la ralla a la hora de pintar un dibujo. Y al fin y al cabo... Nada pasaba cuando pintábamos fuera. ¿Porque las cosas no pueden ser así ahora? ¿Porque si te equivocas, si te sales de ese contorno, o pintas con el color equivocado se te echan encima un montón de consecuencias? Antes era mucho más fácil sonreír, divertirse. Nada de exámenes de ecuaciones de tercer o cuarto grado. Corazones rotos, mal de amores. Agarrar tu juguete y nada más. Fuera responsabilidades, hacer la cama. Dormir, cagar y beber, y ya está. Si, la felicidad de un niño simplemente por ver a su madre recogerle al final del día. Valorar esos pequeños detalles, que para nosotros eran un mundo y ahora, prácticamente ignoramos. La ilusión de Papá Noel y los reyes. La ingenuidad. Niños, sin complicaciones. Sin decepciones. Solamente niños.
martes, 29 de enero de 2013
Me pregunto si realmente hay que perdonar para poder olvidar. Si se pueden hacer ambas cosas. O si, la gente que olvida tan fácilmente es que no está tan dolida como para tener que perdonar nada. Quizá no les importa lo suficiente como para pararse a pensar si en algún momento podrán olvidar-lo. Simplemente, porque ya lo han hecho. Personalmente, soy una persona a la que le cuesta mucho confiar en la gente, no me preguntéis porque. Pero prefiero andar con pies de plomo. Sin embargo, puedo llegar ha hacerlo. Puedo confiar plenamente en una persona y llegar a contarle mis secretos mejor guardados. Una vez, esa confianza se rompe, cuando me decepcionan, me pregunto: Si esa persona ha sido capaz de venderme una vez, de fallarme, o de poner cualquier otra cosa por delante de mi... ¿Porque no lo hará de nuevo? Si ya ha ocurrido una vez, ¿que me asegura que no volverá a ocurrir?
Por otro lado, todos cometemos errores, si. Y ese es el motivo por el que soy capaz de perdonar a una persona que me ha hecho daño, pues a mi me servirá para poder seguir adelante. Dejar que las heridas cicatricen se suele decir. En cambio, no puedo ni quiero olvidar. No puedo volver a confiar, porque creo que la confianza se da solamente una vez. O la tomas, o la dejas. A mi esos pies de plomo me pesan demasiado como para dejarlo pasar y volver a caer otra vez en la misma piedra. Puedo dejarla a un lado, pero no volver a pisarla.
jueves, 8 de noviembre de 2012
A veces las palabras sobran. Hablar no sirve de nada, cada sonido pronunciado, el sentido de la explicación en tu cabeza , en voz alta se desvanece. Incluso a veces, una mirada es más que suficiente. Todavía más que cualquier frase, cualquier escrito, o cualquier canción. Si, porque el silencio, también existe. Y a pesar de que no sepamos utilizarlo como es debido, está en nuestras manos. Sin embargo, tenemos que aprender que esta ahí, y que en algunos momentos, el silencio, explica y expresa mucho más de lo que podemos decir con palabras.
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Si, es verdad que muchas cosas se entrometen entre nosotras. Falta de tiempo, estudios, y nuevas personas que, quieras o no, siempre producen un nuevo cambio en la vida. Sin embargo, y a pesar de ello, puedo asegurar que nuestra amistad, desde el principio, ha sido eterna. Porque ella ha sido, y seguirá siendo, incluso con mil obstáculos de por medio, mi mejor amiga. La persona que me conoce, incluso más que yo misma. La que sabe como hacerme reír, distraerme y olvidar los problemas por un rato. La chica, que hace que hacer cientos de locuras, aunque sea en mitad de la calle, no me parezca vergonzoso. Y aunque le haya mencionado alguna vez, que ya no es así. Que el tiempo ha hecho desaparecer ese sentimiento, ese hecho. Ella es, mi mejor amiga. Ahora, y siempre.
lunes, 5 de noviembre de 2012
Las manos de él, acariciaron sus mejillas con suavidad. Su mirada le pedía que intentara cesar las lagrimas, las cuales no dejaba de derramar. Tenía el corazón a punto de estallar. A punto de romperse en mil pedazos. Siempre había echo lo mismo, siempre se rendía demasiado fácil. Demasiado pronto. No podía permitirlo, no podía dejar que se fuera sin más. Que él desapareciera, que se desvaneciera todo lo que tenían y habían vivido. Pero la puerta estaba abierta, y en aquel momento, nada impedía que todo acabara.
Se separó de él y le miró directamente a los ojos. Las piernas le temblaban, y sentía un nudo en la garganta desgarrador. Pero no pensaba rendirse, había descartado esa opción.
- Sé que eres libre de hacer con tu vida lo que quieras, que eres capaz de tomar tus propias decisiones. No soy nadie para decirte lo que tienes que hacer y es por eso por lo que he asentido a la idea de que te vayas. A la idea de separar nuestros caminos, a pesar de que yo sin ti, esté perdida. Jamás me imaginé que llegara el momento en el que no tendría otra opción, en el que si no digo lo que pienso, perderé lo más importante. No puedo imaginarme sin tenerte a mi lado, sin poder contar cada día con un abrazo tuyo que me ayude a superarlo todo. Que me haga sentir protegida a pesar de que haya una maldita guerra en la acera de de delante. O de que nos encontremos en el mismísimo infierno. Me da igual que no seas perfecto, me da igual que ronques, que no bajes la taza del váter, que hagas un café espantoso. Porque esos pequeños detalles hacen que te quiera todavía más. Incluso nuestras peleas me encantan, si, porqué seguidas de ellas viene algo mejor. La reconciliación. Tus besos, tus caricias, tu sonrisa, tu mirada. Necesito que sigan aquí a mi lado. A ti, te necesito a ti. Esto quizá no cambie nada, y puede que sea demasiado tarde, pero no puedo dejar que salgas por esa puerta sin decir ni una palabra. Porque sino me arrepentiré el resto de mi vida, me arrepentiré una y otra vez de haber dejado escapar al amor de mi vida.
(...)
lunes, 7 de mayo de 2012
No son sus labios, son sus besos. No son sus ojos, sino su mirada, la forma en que me mira. Es lo que siento al tenerle delante, ese escalofrío, esa sonrisa instantanea. Sus abrazos, y lo protegida que me siento estando entre sus brazos. Ese don que tiene, ese que consigue que al estar con él las horas se conviertan en minutos, y los minutos en segundos. Por no hablar de como habla, el tono de su voz y cada palabra que pronuncia. Son sus manos frías y su gran corazón. Los rizos que se forman en su pelo, y la negación total a que se los peinen. Como se preocupa, lo cabezón que es y su competividad. Su pasión por ese deporte que tanto le divierte, el que le ayuda a sentirse bien y despejarse un rato, ese deporte llamado baloncesto. Él, el que consigue que constantemente piense en cuando le volveré a ver, o cuando hablaremos de nuevo. El que consigue que todo el tiempo del mundo no sea suficiente para estar juntos, y que hace que quiera todavía más. Si, él... me hace ser egoísta, insegura y un poco paranoica. Nunca he sido así, pero no quiero compartirle y a parte de ilusionarme, ha logrado que tenga miedo... muchísimo miedo. Miedo a perderle, a pensar que no sea lo suficientemente buena, que pueda llegar otra mejor. Miedo a plantearme la posibilidad de que todo acabé algún día. Él ha echo también que mi corazón le pertenezca en poco, poquisimo tiempo. Y no solo eso... Sino que por otro lado puede ponerme nerviosa con solo posar sus ojos en mi... Porque me hace sentir única, especial. Porque es él. Él siempre.
domingo, 15 de abril de 2012
Hay personas a las que conoces de toda la vida, años y años. Sabes su nombre, sus dos apellidos, donde viven… Pero no llegan a decirte nada, no forman parte de tu vida. Son personas con las que solo compartes horas y minutos en blanco. Gente que a pesar del tiempo que habéis pasado juntos, no significa nada. Sois entre los dos, completamente indiferentes respecto al otro. Si, individuos que a lo largo del tiempo se acabarán esfumando. ¿Y que pasará entonces? Nada, en absoluto. Porque ni siquiera te darás cuenta de que ya no están. De que no sabes que es de ellos. Incluso ni te llegarás a plantear donde está ese o el otro.
Sin embargo, no todo el mundo es así. Por otro lado están esas personas que se apoderan de tu confianza en un par de semanas, que te demuestran mucho más en simples meses. Si, personas que a pesar del tiempo que pase, recordarás siempre. Que cambiarán tu vida al llegar a ella, y que se ganarán tu corazón. Que marcarán cada instante, y que podrán incluso dejarte sin aliento en ciertos momentos. Esas, son esas las personas que realmente valen la pena. Las que hacen que tu día a día sea mejor, más fácil. Esas que saben hacerte sonreír en los malos momentos aunque a penas sepan cual es tu color favorito o tu película favorita. Esas que pondrían la mano en el fuego por ti, y que tú la podrías poner por ellos.
La pena, es que de este segundo grupo… hay muy pocos. Cuesta encontrarlos, si. ¿Pero sabes que? Una vez lo haces y dejas que entren en tu vida, luchas e impides que salgan de ella.
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